Capuchinos*
por Luz Nereida Pérez
Es un tipo de café. No, es un religioso. No, es un dulce de repostería. No, es un mono. No, es una fruta. No, es un aguacero. No, es un tipo de chiringa. ¿Qué es el capuchino?: Todas las anteriores.
La voz capuchino es definida en la página 284 de la edición de 1992 del Diccionario de la Real Academia Española, donde se indica que proviene del italiano cappuccino, palabra que a su vez proviene del latín caput, cabeza.
Su definición alude al “religioso o religiosa delcalzos, que pertenecen a la orden de San Francisco” y su segunda acepción aplica a lo “perteneciente o relativo a la orden de los capuchinos”. Sin embargo el Diccionario de Uso del Español Actual Clave suprime la descripción de “descalzos” y define como: “de la orden religiosa que reforma la fundada por San Francisco (religioso italiano de los siglos XII y XIII)”. Esta fuente léxica, luego de definir utiliza el vocablo en oraciones, donde se proveen datos sobre estos religiosos al indicar que “Las normas capuchinas predican una mayor austeridad y sacrificio” y que “El hábito de los capuchinos es de color pardo oscuro”.
Esta orden fue fundada por San Francisco de Asís (1181-1226) y para 1528 fue reformada mediante una reinterpretación de las reglas para regresar a las normas franciscanas originales. Debido a la singular capucha cónica que forma parte de los hábitos de estos religiosos, el pueblo italiano les denominaba cappuccini, nombre que se adopta a partir de la mencionada reforma. Los franciscanos fueron los primeros en llegar al Nuevo mundo y nos indica Lino G. Canedo (“Los franciscanos: Sus primitivas fundaciones de San Germán, Caparra y la Aguada”, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, abril-junio 1967) que fray Juan de la Deule y fray Juan de Cosin llegaron a América en el segundo viaje de Colón en 1493. Para 1509 se había establecido una fundación en la Villa de San Germán, fundaron igualmente capilla en Aguada, luego se establecieron en Caparra y finalmente en nuestra hoy ciudad capital de San Juan Bautista. Para 1642 se iniciaron los trámites de construcción de un convento franciscano en San Juan y para el 1686 ya era casa de noviaciado. Este convento y capilla-hoy iglesia-dan nombre a la principal calle de acceso al casco de San Juan y al barrio circundante en las calles aledañas. Resulta curioso saber que para 1511 el rey de España atribuye, en instrucciones dadas a Juan Cerón, el cese de terremotos y tormentas de la época a las presencia religiosa-particularmente franciscana-en nuestra isla:
Ya sabéis cómo después que en esa dicha isla se comenzó a celebrar e administrar el santo sacramento con la reverencia que debía, e haber ministros en ella de religiosos e frailes que lo administrasen, ha placido a Nuestro Señor de cesar en ella las tormentas e terremotos que de antes venían…
(Nota: El lenguaje del escrito fue modernizado un poco para facilitar la lectura.)
El Diccionario de la Real Academia da cuenta de una tercera acepción en la peagina 987 donde se alude un tipo de mono capuchino o mono sabio que es el “adiestrado en varios ejercicios ara exhibirlo en circos o barracas”. Como cuarta acepción para este vocablo encontramos un uso atribuido a Chile, donde, al parecer, se denomina como capuchino a una “fruta muy pequeña”. Como quinta acepción nos topamos con la alusión al café capuchino definido como: “café con leche espumoso”, bebida muy agradable al paladar y a la vista que suele decorarse con crema batida salpicada de canela.
Para su sexta acepción el Diccionario nos remite al polvo de capuchino: “el de las semillas de la cebadilla” (que es una especie de cebada que crece de manera silvestre en los caminos, según la Academia); sin embargo, no se nos indica por qué recibe el nombre de capuchino. La séptima acepción es aportación a la lengua española por parte de Puerto Rico y la República Dominicana y en ella se alude a una “cometa más pequeña que la chiringa, de papel y sin varillas”. Y finalmente, encontramos el uso del vocablo que hoy es tema de esta columna en una frase figurada y familiar: “llover capuchinos” o “llover capuchinos de bronce” para aludir al hecho de “caer la lluvia con gran intensidad e ímpetu”.
En la experiencia gastronómica puertorriqueña, y especificamnte en el aspecto de los dulces de repostería, nos topamos con otro capuchino-no incluido en los diccionarios-, que es el bizcocho con forma cónica, de intenso color amarillo, muy dorado en su parte más ancha, bañado en almíbar y a veces salpicado con un poco de canela.
De las definiciones aquí exploradas podemos vivir tres de ellas a sólo pocos pasos de distancia en una visita al viejo San Juan. Si quiere ver a los religiosos capuchinos y a su sede original en nuestra ciudad murada solamente tiene que dirigir sus pasos a la iglesia de San Francisco de Asís, la de las puertas talladas, justo al frente del Callejón de la Capilla y bordeada en su lado oeste por la plaza de la Barandilla. Pero si quiere tomarse o comerse a un capuchino camine unos pasos más adelante y en la misma Calle de San Francisco se encontrará con ese maravilloso lugar de reunión favorito de los sanjuaneros-y no sanjuaneros tambiém-que se llama La Bombonera. Allí podrá deleitar su paladar tomándose y comiéndose a unos capuchinos sin que nadie le acuse de canibalismo.
*Columna reproducida, con el permiso de la autora, del libro: Hablemos Español, Vol. IV
*La más reciente publicación de la autora: ¿Cuál es tu duda? Usos correctos de lengua española. Información: luznereida63@aol.com
por Luz Nereida Pérez
Es un tipo de café. No, es un religioso. No, es un dulce de repostería. No, es un mono. No, es una fruta. No, es un aguacero. No, es un tipo de chiringa. ¿Qué es el capuchino?: Todas las anteriores.
La voz capuchino es definida en la página 284 de la edición de 1992 del Diccionario de la Real Academia Española, donde se indica que proviene del italiano cappuccino, palabra que a su vez proviene del latín caput, cabeza.
Su definición alude al “religioso o religiosa delcalzos, que pertenecen a la orden de San Francisco” y su segunda acepción aplica a lo “perteneciente o relativo a la orden de los capuchinos”. Sin embargo el Diccionario de Uso del Español Actual Clave suprime la descripción de “descalzos” y define como: “de la orden religiosa que reforma la fundada por San Francisco (religioso italiano de los siglos XII y XIII)”. Esta fuente léxica, luego de definir utiliza el vocablo en oraciones, donde se proveen datos sobre estos religiosos al indicar que “Las normas capuchinas predican una mayor austeridad y sacrificio” y que “El hábito de los capuchinos es de color pardo oscuro”.
Esta orden fue fundada por San Francisco de Asís (1181-1226) y para 1528 fue reformada mediante una reinterpretación de las reglas para regresar a las normas franciscanas originales. Debido a la singular capucha cónica que forma parte de los hábitos de estos religiosos, el pueblo italiano les denominaba cappuccini, nombre que se adopta a partir de la mencionada reforma. Los franciscanos fueron los primeros en llegar al Nuevo mundo y nos indica Lino G. Canedo (“Los franciscanos: Sus primitivas fundaciones de San Germán, Caparra y la Aguada”, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, abril-junio 1967) que fray Juan de la Deule y fray Juan de Cosin llegaron a América en el segundo viaje de Colón en 1493. Para 1509 se había establecido una fundación en la Villa de San Germán, fundaron igualmente capilla en Aguada, luego se establecieron en Caparra y finalmente en nuestra hoy ciudad capital de San Juan Bautista. Para 1642 se iniciaron los trámites de construcción de un convento franciscano en San Juan y para el 1686 ya era casa de noviaciado. Este convento y capilla-hoy iglesia-dan nombre a la principal calle de acceso al casco de San Juan y al barrio circundante en las calles aledañas. Resulta curioso saber que para 1511 el rey de España atribuye, en instrucciones dadas a Juan Cerón, el cese de terremotos y tormentas de la época a las presencia religiosa-particularmente franciscana-en nuestra isla:
Ya sabéis cómo después que en esa dicha isla se comenzó a celebrar e administrar el santo sacramento con la reverencia que debía, e haber ministros en ella de religiosos e frailes que lo administrasen, ha placido a Nuestro Señor de cesar en ella las tormentas e terremotos que de antes venían…
(Nota: El lenguaje del escrito fue modernizado un poco para facilitar la lectura.)
El Diccionario de la Real Academia da cuenta de una tercera acepción en la peagina 987 donde se alude un tipo de mono capuchino o mono sabio que es el “adiestrado en varios ejercicios ara exhibirlo en circos o barracas”. Como cuarta acepción para este vocablo encontramos un uso atribuido a Chile, donde, al parecer, se denomina como capuchino a una “fruta muy pequeña”. Como quinta acepción nos topamos con la alusión al café capuchino definido como: “café con leche espumoso”, bebida muy agradable al paladar y a la vista que suele decorarse con crema batida salpicada de canela.
Para su sexta acepción el Diccionario nos remite al polvo de capuchino: “el de las semillas de la cebadilla” (que es una especie de cebada que crece de manera silvestre en los caminos, según la Academia); sin embargo, no se nos indica por qué recibe el nombre de capuchino. La séptima acepción es aportación a la lengua española por parte de Puerto Rico y la República Dominicana y en ella se alude a una “cometa más pequeña que la chiringa, de papel y sin varillas”. Y finalmente, encontramos el uso del vocablo que hoy es tema de esta columna en una frase figurada y familiar: “llover capuchinos” o “llover capuchinos de bronce” para aludir al hecho de “caer la lluvia con gran intensidad e ímpetu”.
En la experiencia gastronómica puertorriqueña, y especificamnte en el aspecto de los dulces de repostería, nos topamos con otro capuchino-no incluido en los diccionarios-, que es el bizcocho con forma cónica, de intenso color amarillo, muy dorado en su parte más ancha, bañado en almíbar y a veces salpicado con un poco de canela.
De las definiciones aquí exploradas podemos vivir tres de ellas a sólo pocos pasos de distancia en una visita al viejo San Juan. Si quiere ver a los religiosos capuchinos y a su sede original en nuestra ciudad murada solamente tiene que dirigir sus pasos a la iglesia de San Francisco de Asís, la de las puertas talladas, justo al frente del Callejón de la Capilla y bordeada en su lado oeste por la plaza de la Barandilla. Pero si quiere tomarse o comerse a un capuchino camine unos pasos más adelante y en la misma Calle de San Francisco se encontrará con ese maravilloso lugar de reunión favorito de los sanjuaneros-y no sanjuaneros tambiém-que se llama La Bombonera. Allí podrá deleitar su paladar tomándose y comiéndose a unos capuchinos sin que nadie le acuse de canibalismo.
*Columna reproducida, con el permiso de la autora, del libro: Hablemos Español, Vol. IV
*La más reciente publicación de la autora: ¿Cuál es tu duda? Usos correctos de lengua española. Información: luznereida63@aol.com
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